Archivo | noviembre, 2016

Poco, tarde y mal

29 Nov

El problema de la carencia de instalaciones deportivas en Ávila y su provincia es un mal endémico. La cosa viene de lejos. Su solución no parece verse en un horizonte muy cercano. Se trata de una enfermedad crónica donde su construcción, en el caso de las nuevas que son necesarias, y su mantenimiento, en de las ya existentes, se podría definir con ese refrán tan castellano que reza “poco, tarde y mal”.

La situación siempre ha sido precaria, pero los últimos acontecimientos la han vuelto insostenible. Lo sucedido en el campo de hierba artificial de Sancti Espíritu; la pérdida de la piscina cubierta de la zona sur de la capital amarullada; el aspecto de las gradas y las pistas de atletismo de la Ciudad Deportiva; o el estado del césped del estadio municipal Adolfo Suárez son sólo cuatro gotas que han colmado un vaso que hacía ya tiempo estaba al límite de su capacidad.

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Estado actual del campo de hierba artificial de Sancti Espíritu. (Foto: Lola Órtiz, Diario de Ávila).

Ante los últimos acontecimientos, como suele suceder, encontramos múltiples reproches entre los diferentes actores implicados, pero soluciones reales pocas o ninguna. Además, las únicas medidas que se ponen en práctica no son fruto de un proyecto deportivo municipal realista que miré a medio y largo plazo, si no que se tratan de unos parches que intentan solucionar la situación de manera transitoria y que además son puestos por aquellos pocos a los que todavía les interesa que el deporte sea una parte importante de la sociedad abulense.

El por qué se ha llegado a esta situación tiene diferentes motivos y explicaciones. El primero, la falta de interés que los representantes políticos y empresariales han tenido siempre hacia el deporte en la capital y la provincia abulense. El segundo, que es consecuencia del anterior, ha sido la falta de inversión para la creación de nuevas infraestructuras y el abandono absoluto en el cuidado de las ya existentes, antes que había dinero, porque había otras prioridades, y ahora que no lo hay, por las mismas razones.

Pasaron unos cuantos años hasta que los abulenses podamos contar con una nueva piscina cubierta. Mientras tanto, con suerte, tendremos que hacinarnos en las calles de las piscinas de El Seminario o la Escuela de Policía. Pasaran unos cuantos años hasta que se resuelva el problema de Sancti Espíritu o el Adolfo Suárez. Mientras tanto, con suerte, los clubes seguirán haciendo encaje de bolillos para poder entrenar y disputar sus encuentros con un mínimo de condiciones. Pasaron unos cuantos años hasta que los atletas tengan unas instalaciones dignas donde entrenar y disputar sus competiciones. Mientras tanto, con suerte, siempre pueden volver a realizar su preparación física en el parque de San Antonio como sucedía hace 40 años.

Por desgracia, ya sabemos cuál será el resultado en cuanto a las infraestructuras deportivas abulenses. Nadie espera que la situación se revierta en los próximos meses. Pocos creen que el remedio se encontrará en los próximos años. Los damnificados serán los de siempre: los deportistas y los clubes. Quizá antes de que aparezca una salida, estos ya se habrán cansado de promesas incumplidas y hayan arrojado la toalla, dejando a la ciudad huérfana del poco deporte que a día de hoy todavía se puede llevar a la boca.

Sin prisa, pero sin pausa

14 Nov

El proyecto deportivo del Colegios Diocesanos crece paso a paso. Sin prisa, pero sin pausa. Desde que Alberto Zoilo Álvarez se convirtiera en la cabeza visible del club estudiantil, los amarillos no han parado de alcanzar objetivos. Esta temporada, sus dos principales apuestas, el equipo juvenil y el conjunto senior, han tenido un comienzo de curso muy esperanzador en la División de Honor y la Primera División Regional de Aficionados.

Tras veinte años sin representación abulense en la máxima categoría juvenil del fútbol español, había mucha expectación en comprobar cuál sería el rendimiento de los chicos entrenados por Somoza. Encuadrado en el grupo compuesto por castellano y leoneses, madrileños y extremeños, el Colegios Diocesanos parece haberle tomado la medida a la nueva categoría de la mejor manera posible.

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Equipo juvenil del Colegios Diocesanos. (Foto: Diario de Ávila).

Cuando quedan tres partidos para finalizar la primera vuelta, los estudiantiles se encuentran en la zona media de la tabla con 15 puntos tras la disputa de doce jornadas, gracias a cuatro victorias, tres empates y cinco derrotas. Pero no sólo los números son buenos. Las sensaciones dejadas en el terreno de juego hacen ser optimistas a la hora de pensar en una salvación que supondría un auténtico espaldarazo al proyecto y al fútbol base abulense.

En cuanto al conjunto que milita en Regional, los números todavía hacen ver con más euforia el futuro a corto plazo. La Tercera División está en la cabeza de muchos. Queda mucha liga por delante. Todavía es pronto para pensar en la categoría nacional, pero el conjunto de Zamorilla es segundo de su grupo con nueve vitorias, un empate y una derrota tras haberse jugado ya el primer tercio del campeonato doméstico.

La clave de esta buena dinámica puede estar en haber mantenido el grueso de la plantilla del ascenso y añadir al plantel jugadores de superior nivel como Javi, Vicente o Javi Pérez. El objetivo del senior está claro desde los despachos: el ascenso a la Segunda División B. Sin embargo, la falta de masa social y la existencia del Real Ávila hacen pensar que no será fácil llevarlo a cabo.

Su aparición en el escenario del fútbol en la capital amurallada no ha estado exenta de críticas. Quizá la existencia de dos gallos en un coral tan pequeño sea más perjudicial que beneficioso. Como sucede en las categorías inferiores, donde las parcelas existentes que lo dividen en pequeños Reinos de Taifas han hecho más mal que bien al balompié local, puede hacer pensar que sucederá algo parecido en este caso. Si ocurre o no, sólo el tiempo nos los dirá.