Archivo | octubre, 2016

Piensa en verde

27 Oct

Cada temporada, un equipo del Grupo VIII de la Tercera División se gana el apelativo de revelación en la primera parte de la campaña. Cuando faltan dos partidos para que se cumpla el primer tercio de la competición en el campeonato castellano y leonés, nadie duda en señalar cuál es el conjunto sorpresa del presente curso: la Cultural Deportiva Cebrereña.

El verde está de moda. Los de Cebreros han realizado el mejor tramo inicial de temporada desde que compiten en categoría nacional. En campañas anteriores, había sucedido lo contrario. Si por algo se habían caracterizado los de Pepe García era por sus magníficas segundas vueltas, que siempre permitían a los de verdiblancos salvar el año tras un comienzo muy irregular.

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La Cebrereña es la revelación (Foto: Diario de Ávila).

La Cebre parece haber aprendido la lección. Quizá hayan entendido que dejar los deberes para el último día como el mal estudiante es un riesgo que no siempre puede dar el resultado esperado. Y este año han comenzado a estudiar desde el principio. Han hincado tanto los codos que, tras haberse disputado once jornadas, ocupan la quinta plaza de la tabla clasificatoria. El play off de ascenso a la Segunda División B se encuentra a tan sólo cuatro puntos.

Sin embargo, nadie en el estadio municipal El Mancho-Ángel Sastre piensa en las cuentas de la lechera. Y si a alguno se le ocurre mirar más allá de la próxima jornada, ya está el técnico abulense para recordarle cuál es la fórmula que permite a los Cebreros estar donde están año tras año: humildad, humildad y humildad y trabajo, trabajo y trabajo.

La receta no tiene más ingredientes que estos dos. Parece sencilla de realizar, pero la realidad dice que son muy pocos los clubes que la saben aplicar con maestría. Y la Cebrereña es uno de ellos. El grupo es la clave. Los nombres se difunden en uno sólo: equipo. De esta manera, la Cebre ha sumado ya esta temporada diecinueve puntos. Un botín más que apreciable para un conjunto cuyo objetivo sigue siendo la permanencia. Sin volverse locos.

Muchos dirán que sí, que lo del equipo está muy bien, pero que tener en su plantilla al pichichi David Terleira es un plus. Evidentemente contar con un goleador siempre es una garantía a la hora de sumar puntos, pero él solo sería incapaz de logar las victorias sin la ayuda de sus compañeros. Esta temporada, a pesar de que su situación laboral no le ha permitido estar en todos los partidos, el ariete ya suma nueve goles, con una media de casi un tanto por choque.

Pero esta Cebrereña es algo más que su delantero franquicia. El equipo ha crecido como visitante. Ha ganado en solidez defensiva y sabe jugar, y jugar muy bien, lejos de casa. El pasado curso, la primera victoria fuera llegaba en el último tercio de la temporada. Este año, en el primero, la Cebre ya ha ganado al Atlético Bembibre y al Zamora; ha empatado en el campo del Sporting Uxama; y ha caído derrotado en sus visitas al Burgos Promesas 2000 y Mirandés B, dos choques en los que los de Pepe García no merecieron volverse de vacío.

Y a este cambio conseguido cada vez que juega sin estar arropada por su parroquia, la Cebre ha sabido mantener su regularidad en el estadio municipal El Mancho-Ángel Sastre, auténtico baluarte y fortín donde se firmó la permanencia en temporadas anteriores. En lo que va de año como local, ha ganado al Villaralbo (3-1), Real Ávila (3-1), La Bañeza (3-1) y Atlético Tordesillas (2-0), mientras que sólo ha hincado la rodilla ante el Numancia B (1-3) y Cristo Atlético (1-5). El camino está marcado. Si siguen por él, el verde seguirá estando de moda. La siguiente estación: salida al campo del Bupolsa. ¿Y la siguiente? Ya pensarán en ella cuando vuelvan de tierras burgalesas.

Tormenta en el Adolfo Suárez

11 Oct

Bajan las aguas revueltas por las orillas del Adolfo Suárez. El mal comienzo del Real Ávila C.F. en su regreso al Grupo VIII de la Tercera División, una victoria y dos empates en las ocho primeras jornadas del campeonato doméstico, ha tenido como consecuencia que aparezcan los primeros nervios en la familia encarnada. La derrota del pasado fin de semana en el ‘Clásico de Castilla’ ante la Gimnástica Segoviana ha desatado la primera tormenta.

No es momento de encontrar ni buenos y ni malos. Esto no es una película de Hollywood. Probablemente ni siquiera los haya. Quizá la culpa sea de todos. O de ninguno. Lo que si se produjo al término del choque entre abulenses y segovianos fueron diferentes situaciones que, seguramente, no ayudarán a enderezar el rumbo si se repiten en un futuro. Todo cambiará con dos resultados positivos. Seguro. Es algo más viejo que el propio fútbol.

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El Real Ávila no ha tenido un buen inicio de temporada en Tercera División. (Foto: El Norte de Castilla).

Pero en caso de que no se den estas victorias, no debe cundir el pánico y entran en una dinámica que a muchos nos recuerda a lo sucedido hace dos temporadas. Y el resultado, que todos conocemos, fue el que fue. Un descenso a la categoría Regional que muchos veíamos imposible, hasta que ocurrió, y algunos ni siquiera hemos podido digerir a pesar de habernos despertado de esa pesadilla tan sólo un año después de bajar a los infiernos.

Pero volvamos a la actualidad, más concretamente, a lo acontecido tras el choque entre el conjunto de la capital amurallada y el equipo de la ciudad del Acueducto. Resumamos. El público la tomó con sus jugadores y el entrenador. Éste cargó duramente en rueda de prensa contra la parroquia encarnada. Y la directiva y los jugadores parecen comenzar a ver unos fantasmas que quizá no existan. Un coctel demasiado peligroso para un equipo acostumbrado a vivir en la UVI en la última década y en el que parece que, se haga lo que se haga, todo está mal. En mi opinión, cuando las cosas no salen, todos pueden tener una parte de culpa, o dicho de otra manera, puede que todos se equivoquen. Vayamos por partes.

El público se equivoca. Bien es cierto que es soberano, lo que traducido al cristiano quiere decir que el socio paga y tiene todo el derecho a mostrar su desacuerdo si lo que ve no le gusta. Bien es cierto que debe ser exigente, por supuesto, pues no puedo opinar de otra forma tras llevar más de 25 años en la grada del Adolfo Suárez y haber podido disfrutar de los años de vino y rosas de antaño. Sin embargo, en este punto, opino que debe hacerlo cuando el árbitro pite el final y no durante el desarrollo del partido, algo que seguro no ayudará en nada a cambiar la actual dinámica del equipo.

Jimeno se equivoca. El técnico madrileño no estuvo acertado en dos situaciones acontecidas el pasado domingo. La primera, enfrentándose a un espectador cuando iba camino de vestuarios, algo que de repetirse no hará más que echar gasolina al fuego. La segunda, con el tono utilizado en la rueda de prensa posterior al choque, donde si bien pueda tener razón en lo dicho, no soy juez para juzgarlo, ésta la pierde con las formas. Decir, todavía en caliente y con las pulsaciones a cien, que “el aficionado que baje al estadio lo haga para animar y no para tocar los cojones y si no que se vaya al parque” parece poco apropiado. Ni en la forma, ni el fondo.

La directiva se equivoca. En esta ocasión, se equivocó en la pretemporada. Las expectativas creadas en las declaraciones realizadas en torno al equipo durante el periodo estival, ahora que las cosas no marchan bien, se han vuelto en su contra. No seré yo quien critique que se marquen unos objetivos altos, todo lo contrario, ya que es la única forma de crecer y mejorar en la vida. Pero quizá el discurso no fue el adecuado. Me explico. Si en vez de hablar de “play off”, se declara “vamos a luchar por estar lo más alto posible”, se dice lo mismo sin meter una presión que considero innecesaria y está pasando factura al conjunto encarnado tras un irregular comienzo de curso.

Lo bueno de todo esto es que hay tiempo por delante para deshacer la madeja que se ha enredado. Si se quiere claro. 30 partidos ni más ni menos. 90 puntos para pensar en lo que cada uno quiera pensar. La clave será afrontar el siguiente choque como si fuera el último. Y así uno tras otro. Sin ir más allá. Hacer piña en torno al club que, como he defendido en multitud de ocasiones desde esta tribuna, está por encima de todo y de todos. Lo deben hacer jugadores, técnicos, directivos, trabajadores de la casa y aficionados, todos a una, sin distinciones. Si no se hace, habrá más tormentas. Quizá alguna que otra riada. Probablemente un gran tsunami. Y las consecuencias del mismo, esa vez sí, pueden ser irreparables.