Fútbol molesto

5 Ago

Reconozco que me gusta el fútbol modesto. Sí, lo admito, me gusta el fútbol modesto. Sí, me gusta mucho el fútbol modesto. Segunda B, Tercera División, Regionales, Provinciales, fútbol base o hasta los torneos que con motivo de las fiestas patronales inundan estos días la geografía española vienen desde hace algunos años suscitándome más interés que el mal llamado fútbol profesional, denominación que por unos pocos, o por unos muchos, vete a saber, fue absorbida hace tiempo por el más simple de los silogismos: Real Madrid o F.C. Barcelona, sin parecer que haya más vida fuera de este binomio.

Muy contrario a mis gustos parece encontrarse la Real Federación Española de Fútbol, así como sus sumisas delegaciones regionales y provinciales, para quienes estas divisiones se convirtieron hace algunos años en un fútbol molesto. Un fútbol molesto, que lejos de las estrellas mediáticas, los contratos de televisión o las giras de ‘La Roja’, se ha transformado en una carga de la que poco o nada pueden sacar, con la consiguiente despreocupación por el mismo.

Segunda B

Una despreocupación que conocemos aquellos que seguimos, y sufrimos, este fútbol modesto y que hace tiempo ya hemos asumido, pero que sin embargo este verano está tocando un fondo que quizá indique que, como diría aquel, abrían de mirárselo. A menos de tres semanas para el inicio de la competición, todavía no se conocen los calendarios de la tercera categoría del fútbol español, ni los equipos que conformarán los cuatro grupos de esta Segunda División B, situación que se repite en el caso del Grupo VIII de la Tercera División. En ellas, hay equipos que no saben en qué división jugarán o, lo que es más increíble, o lamentable, sin saber ni siquiera si podrán competir independientemente de la categoría en la que finalmente sean inscritos.

Eso sí, a la ‘Federación de todos’, aquella de grandes y de pequeños, pues así entiendo que debería ser el organismo rector del fútbol español, de todo el fútbol español, que a nadie se le olvide, parece no importarle lo más mínimo toda esta historia de los calendarios. Eso se desprende, al menos, de su actitud durante las últimas semanas, donde la parsimonia a la hora de tomar decisiones ha sido muy diferente de la adoptada en otras circunstancias, como por ejemplo, a la hora de mantener a los clubes las tasas de inscripción en las competiciones y no reducirlas como quizá, o así opino humildemente, debería suceder en unos tiempos de crisis económica como los actuales.

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